5 pasos para soportar mejor nuestros errores.

¿Te sientes bien cuando metes la pata? Por su puesto que no. No hay nada peor que esa sensación de “trágame tierra” cuando cometes un error de cálculo, ofendes a alguien sin querer o gastas un montón de dinero en algo inútil. La peor parte viene más tarde, cuando la vergüenza, la culpa o el arrepentimiento se te meten en el cuerpo y tienes que hacer grandes esfuerzos por esconder esas sensaciones… Como si no hubiera pasado nada.

Todos nosotros tenemos que esconder sentimientos con tal de que no nos estropeen el día, especialmente los que tendemos a ser controladores de la situación y demasiado atentos a los detalles. Pero tenemos que saber que no es saludable aguantar así mucho tiempo. Es necesario aprender a perdonarse a uno mismo y tolerar así los errores propios. Perfeccionar la técnica del “autoperdón” puede llegar a ser un gran reto para nuestra inteligenca emocional, especialmente si la metedura de pata tiene consecuencias negativas a posteriori. Probablemente no consigas resultados de la noche a la mañana pero con tiempo y perseverancia aprenderemos a ser un poco más permisivos con nosotros mismos.

La próxima vez que estés dándote con la cabeza en la pared por una pifia o un lapsus, sea del tamaño que sea, intenta recordar los siguientes consejos:

soportar mejor nuestros errores

No lo hice a posta.

¿Cuál fue el proceso exacto que te llevó a ese gran error? Probablemente no hayas sido oportuno en alguna acción, habrás tenido algún malentendido con alguien, quizás fallaste por no dar prioridad a alguna tarea que era necesaria… Por supuesto, no cuentan las veces que tomamos riesgos conscientemente y luego no nos sale bien la jugada. Eso no es una metedura de pata, es parte  natural de cualquier persona con iniciativa.

Tienes que pensar que nunca fue tu intención generar el desastre, lo hiciste por accidente. Y tienes que perdonarte a ti mismo por ese accidente, porque esa acción no te hace peor persona, simplemente alguien que tiene que apechugar con un error.

Si le hubiera pasado a otra persona, yo lo perdonaría.

La mayoría de nosotros somos más duros con nosotros mismos que con el resto. Por eso tendemos a perdonar más fácilmente a otros que a nosotros mismos por un gran fallo. Intenta imaginar a un amigo, compañero o socio haciendo lo que hiciste tú. ¿Cuánto tiempo estarías enfadado con él? ¿Te enfadarías de verdad o te pondrías en su lugar?
Si estás dispuesto a perdonar a otros por el mismo error, ¿por qué lo pasas tan mal intentando perdonarte a ti mismo? ¿No nos merecemos lo mismo que cualquier otro? Muchas veces nos vemos a nosotros mismos como si fuéramos niños consentidos, como si el amor y compasión nos fueran a hacer menos perfeccionistas y nos alejaran del éxito. Hemos caido muchas veces en ese error, pero tenemos que solucionarlo. Tratarte a ti mismo con amor te dará más éxitos, no menos.

He hecho todo lo que he podido para arreglar las cosas.

Si esto no es cierto, deja de leer esta columna y corre inmendiatamente a terminar de reducir los daños de tu error, para no ponerte en riesgo ni a ti mismo, ni a tu compañía, ni a nadie más. Hacer lo que está en tu mano para arreglar un daño lo más rápido posible es un paso muy importante para conseguir olvidar un error.

Una vez hayas hecho todo lo posible, sea lo que sea, entonces es hora de declarar oficialmente el accidente como “caso cerrado”, incluso si tienes que lidiar con sus consecuencias por un tiempo… A otra cosa.

Si eso es lo peor que me ha pasado,  entonces no tengo nada de qué quejarme.

Esta es de las frases que más animan cuando te das cuenta de un fallo y tu responsabilidad en el mismo. ¿Por qué? Porque, por su puesto, cualquier cosa que hayamos hecho no va a ser nunca lo peor que hemos hecho en nuestras vidas. Probablemente ni siquiera esté entre las diez primeras y más grandes pifias. Somos humanos. Debemos saber que desde ahora hasta nuestro último día vamos a meter la pata muchísimas veces. Además, pensar que somos seres infalibles sólo nos puede traer muchos problemas.
Si se alinean las estrellas y ocurre que rompes todos los récords de fallos monumentales, entonces es una oportunidad única de aprender de la experiencia, por muy difícil y poco apetecible que parezca. De los peores errores es de los que más se aprende, incluso puede que sea la mejor base al alcance de tu mano que te pueda catapultar hacia el éxito.

La próxima vez lo haré mejor, seré más listo.

Muchos se dicen a sí mismos: “a veces eres el cazador y a veces eres el cazado”. Otros prefieren el clásico “a veces se gana y a veces se pierde”.
Desde AG10 elegimos la mejor de estas vesiones: “Siempre habrá otra oportunidad”. Otra oportinidad significa que:

La próxima vez veré venir el problema y haré algo para evitarlo.

Planificaré mejor, o prestaré más atención en el momento adecuado.

Gastaré más tiempo en pensar las cosas de manera precisa.

Me pararé un momento y pondré a prueba mis propios planteamientos.

Me tomaré más tiempo para recopilar la información adecuada…

 

No importa cómo de mal parados hayamos quedado después del último error, siempre tendremos otro momento, otra oportunidad para hacer las cosas bien. Y si la metedura de pata de hoy te ayuda a hacerlo mejor mañana, entonces puede que no sea tan mal negocio.

En otras palabras, si sabemos aprovecharlos, los errores nos convierten en Gente10.

 

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*Imagen posteditada, publicada originalmente por en www.radioactivo.es.

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