Personas etiqueta

Nos hemos convertido en personas-etiqueta. No sólo somos expertos etiquetadores, estamos empezando a ser realmente un cúmulo de etiquetas. ¿No te lo habías preguntado antes?

Lo tenemos claro. Si deseamos información ha de ser gratuita, rápida y sencilla. Ya nadie quiere pararse a indagar con tranquilidad sobre algo que interesa. ¿Qué está ocurriendo? La etiqueta ha conquistado nuestra forma de pensar.

Nuestros cerebros están llenos de etiquetas para que podamos aplicarlas a todo lo que vemos y podamos consumir información con mayor rapidez. Si algo no es etiquetable, entonces no merece la pena. Necesitamos consumir información y clasificarla a la velocidad del parpadeo.

Digámoslo de otra manera; si la información fuera comida y nuestro cerebro un estómago, todos los días estaríamos comiendo información de mala calidad que además se nos indigesta porque no la sabemos digerir con tranquilidad.

Reduccionismo.

Para más inri, los que nacimos a partir de la década de los ’80 hemos sido educados mediante una educación reduccionista. El reduccionismo educativo se basa en aligerar la carga de detalles en los temarios de los cursos. Esta estrategia educativa no ha de usarse de manera extrema ni en todas las materias, puesto que para los niños es importante aprender a captar la importancia de las sutilezas y los detalles, y cómo estos pueden afectar al todo.

Y es que parece que ya sólo somos capaces de absorber información superficial.

En nuestros libros de texto, en la prensa y hasta en el artículo que ahora mismo estás leyendo se usan la palabra en negrita y los títulos bien grandes, los cuales nos ayudan reenganchar nuestra concentración al párrafo que estamos leyendo.

Los videojuegos ya hace tiempo que no tienen complicadísimos puzles que si no resolvías no ganabas. Ahora se estila más ganar apretando un par de botones, o una pantalla táctil durante 60 segundos. Y el premio será un ¡Bien hecho! Enorme, con tropecientos mil puntos de regalo… Y mientras los móviles reclaman nuestra atención continuamente como hijos desagradecidos: ¡tienes un nuevo mensaje! ¡Alguien quiere contactar contigo! ¡Alguien te ha etiquetado!

La capacidad de análisis y la paciencia nos parecen cualidades raras e incluso inútiles en un mundo en donde lo que se valora es tu habilidad para absorber, combinar y expulsar contenidos reestructurados a una velocidad fugaz.

Videojuegos buenos, redes sociales malas.

Según un estudio publicado en la revista International Journal of Communication , está demostrado que los videojuegos complejos aumentan nuestra capacidad de concentración, ayudan a mejorar nuestro pensamiento lógico y también nuestra voluntad para superar retos difíciles. Por otro lado las redes sociales lo ponen todo tan fácil que acostumbran a sus usuarios a un estado mental casi-aturdido comparable al estado del adicto a la televisión. El autor del estudio, Alberto Posso, confiesa sorprendido las conclusiones de su estudio en una entrevista para El Mundo :

Posso observó que los estudiantes que utilizaban las redes sociales diariamente sacaban “hasta 20 puntos menos en matemáticas” que los que no las usaban. Y “cuanto más tiempo pasaban en Facebook y páginas similares peor era el resultado del examen. Si dedicaban a las redes sociales un rato una o dos veces al mes, sacaban ocho puntos menos que la media, pero no 20”. Y las notas en ciencia y comprensión lectora también fueron más bajas, en una proporción similar.

Por el contrario, “los estudiantes que juegan online a diario obtuvieron 15 puntos más en matemáticas y 17 puntos más en ciencia que el resto de alumnos y mostraban mejor capacidad de comprensión en las lecturas”, indica Posso.

Nuestra identidad etiquetada.

Lo peor no es sólo que estamos mermando nuestras capacidades de visión y análisis del mundo, sino que también hemos cambiado nuestra forma de vernos a nosotros mismos. Cada vez tenemos menos tiempo de tranquilidad para reencontrarnos con nuestro cuerpo y nuestra mente. Parece lógico que comencemos a vernos cada vez más según nos vean el resto de personas.

Si lo pensamos bien es una especie de 2×1 para ahorrar esfuerzo. Me curro mi imagen real y también la online. ¿Por qué voy a gastar más tiempo conociéndome a mi mismo si tengo una enorme base de datos con mis experiencias, mis fotos, mis pensamientos, mis músicas favoritas publicadas online? Esta base de datos está organizando nuestra imagen pública, la privada e incluso nuestra parte más íntima.

Corremos el riesgo de empezar a identificarnos con ese “yo” que creemos que proyectamos al mundo. Y eso es una simplificación muy peligrosa. Porque por regla general la mayoría de nuestros deseos, nuestros sueños, ambiciones y fantasías no las compartiríamos con nadie. Así que una de dos: o comenzamos a publicar todas nuestras intimidades mentales y espirituales, con el descotrol que ello conlleva, o hacemos lo que creo que está pasándole a medio mundo: dejamos de tener vida íntima.

Qué locos están los japoneses…

Recuerdo cuando, hace quince años pensaba: “Qué locos están los japoneses, con sus aparatejos siempre en la mano y sólo pensando en trabajar y en suicidarse.” Ahora me da miedo pensar que cada día nos parecemos más a estas víctimas de la degradación sistémica del individuo.

Al igual que ha pasado en muchos países de oriente, el uso que estamos haciendo de la tecnología está haciendo que nuestras relaciones sean cada vez más superficiales. Los aparatos de telecomunicación lejos de hacernos la vida más fácil, han conseguido que una vida miserable sea increíblemente soportable. Ya nadie tiene tiempo para sonreír pero a nadie le importa.

  • ¿Por qué pararse a analizar y comentar una película de tres horas con un colega cuando puedes hacer un comentario de menos de 90caracteres por wasap?
  • ¿Por qué escribir un email elaborado con sentimientos complejos cuando puedes decir tanto con un simple emoji?
  • ¿Para qué pararse a escribir un libro profundo de más de 150 páginas con lo fácil que es escribir un pequeño artículo de 500 caracteres? (pregunta que se hace a sí mismo el autor mientras escribe).

No nos engañemos, la culpa no la tienen los aparatos.

Retos de AGente10 para no japonizarnos

Desde Agente10 proponemos unos cuantos ejerciocios-retos que lejos de ser aburridos pueden poner a prueba tu capacidad de vivir de una manera más sana mentalmente.

  1. Ante todo concéntrate. Deja de ocupar tu tiempo en banalidades que después te hacen sentir vacío. Haz planes que no consistan en estar quieto mirando basura superficial. ¡Proponte cosas que te apetezcan y hazlas!
  2. Dile a alguien tu opinión sobre las cosas. La próxima película que veas, intenta abrir un debate con alguien que la haya visto. Intenta llevar la conversación a cualquier aspecto que te interese. Escucha mucho la opinión del otro sobre ese tema y si tienes oportunidad remata el análisis con una crítica.
  3. Escribe lo que tu cabeza no pueda abarcar y esquematiza. Si quieres tratar de un tema con alguien intenta escribirlo antes, desarrollando el asunto de manera estructurada y concentrada. Este documento escrito luego lo podrás usar como email o dividirlo en forma de mensajes. Si el tema lo haces con tus sentimientos hacia alguien mejor que mejor, pero no valen emoticonos con corazones.
  4. Cocina para alguien alguna receta que te parezca difícil de hacer. Hazlo con calma y tiempo, y después pídele que te de su opinión sobre cómo mejorarla. Intenta mejorar el plato para ver qué opina él la segunda vez u otra persona.
  5. Juega con un amigo al espejo. Tómense unos días para obrservarse y analizarse mutuamente. Luego aleatoriamente jugad a imitaros en circunstancias que representan la actitud o la personalidad del otro. Juega a copiar su comportamiento, su forma de moverse e incluso su forma de hablar. Si la amistad no se rompe por este juego aprenderéis mucho el uno del otro y de vosotros mismos en poquísimo tiempo.
  6. Lee la misma noticia en tres periódicos distintos y escribe en alguna red social qué te parecen las diferencias que ves en la forma de contar la misma noticia en las tres fuentes de información. Romper la etiqueta ideológica de los periódicos es de las cosas más útiles y divertidas que hay. Veréis que todos los días hay muchas incoherencias y falsedades que sólo se defienden por intereses económicos o políticos de las editoriales.

Gente10; no dejéis que la simpleza de las etiquetas invada vuestras vidas. Llevar una vida sencilla y simplificar los problemas son grande virtudes. Pero el mundo es complejo, y hay mucha riqueza y diversión dentro de esa complejidad. ¡A disfrutar enredandoos en la maraña de vuestra realidad!

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