Cultura de la obediencia

Cultura de la obediencia es toda una vida educándonos para ser buenecitos. Este adiestramiento empieza con esas frases traumáticas:

*Niño, quédate quietecito.

*No hables, no corras, no te ensucies.

*No hagas el payaso, no juegues ahí.

Y la sociedad, cuando llegamos a los 15 años, toma el relevo de nuestros padres con esos consejos que todos conocemos:

*Sácate una carrera. 

*Échate pareja.

*Cásate.

*Es mejor tener un trabajo que nada.

*Ahorra para cuando te jubiles.

*Ten cuidado, no te equivoques en tus elecciones.

… Y un día despertarte y descubrir que tienes 80 años y llevas toda la vida sin hacer lo que te ha dado la real gana.  Esos pistoleros rápidos de consejos trillados cuyas balas, pequeñas pildoritas de cómo tienes que vivir tu vida, te llevan moldeando la cabecita desde muy temprana edad.

¿Te han dado a ti también todos estos consejos?

Obediencia desobediencia

Escribo esto porque me asusta, escribo esto porque veo demasiados viejos embutidos en sus pieles aún jóvenes que han renunciado a elegir cómo vivir. Zombies de la cultura de la obediencia, seguidores de un camino que ni siquiera ellos han trazado pero que les plantan delante de los pies al nacer.

Todo comienza cuando mamá y papá te dicen ahí está tu camino. Y tú, como eres un niño y no entiendes; te intentas salir a gatas porque hay que ver lo bien que se cortan las cortinas con las tijeras, lo amplio que es el mundo. Pero con un pequeño azotito en el culete (perdón, para los niños del siglo XXI una charla de tres horas y una semana sin móvil) te vuelves a ver en el caminito. Luego, en el colegio ya, te enseñan a no hacer ni un movimiento en falso, a no preguntar al profesor y a asumir que de su boca salen sólo verdades verdaderas y que preguntar es algo que hace el tonto de la clase, que no se ha enterado de la lección. Acaban exprimiéndonos hasta la última gota de sana curiosidad, despojándonos de nuestro derecho a movernos al borde del camino trazado y, lo peor de todo, de nuestro instinto y nuestro olfato para elegir por nosotros mismos…

Y llegas a la universidad, porque en España por supuesto no puede ser de otra manera, y te encuentras más y más normas a seguir. Encuentras que te dicen que si quieres aprobar tienes que trabajar y estudiar veinte horas al día, así que ni se te ocurra salir, hacer deporte, dormir o quedarte mirando al techo si te apetece… Eso sí, tendrás que encontrar tiempo para el sexo y la pareja porque en ese momento ya te va tocando, no vaya a ser que te quedes para vestir santos.

Plantéate si eres uno de esos zombies ¿Crees que no se te aplica, verdad? ¿que no eres obediente? NO sigas leyendo.

La gente que te quiere no es consciente de que al intentar protegerte y darte pautas realmente te están quitando poco a poco libertades. El único que tiene que pensar qué consejos aplicar y cuáles no eres tú mismo, nadie sabe mejor que tú lo que te conviene.

Pero si te queda algo de cordura, en algún punto de la vida antes de llegar a los 80 años despiertas, te quitas la venda de consejos que te cegaba y tu mente grita eeeeeeeeeeeeeh, che, che, che, che… para el carro. Es ese momento en el que decides que vas a vivir tu vida…, y no sabes ni por dónde empezar.

Miras el camino. Miras hacia atrás y no te gusta lo que has recorrido, miras hacia delante y la gente mayor que tú que vive en una situación que tampoco te parece un gran ejemplo a seguir. Sigues caminando por el  sendero pero esta vez empiezas a mirar hacia los lados y piensas ¿a dónde voy? ¿qué hago con mi vida?. Muchos jamás llegan a este punto,  tristemente siguen por el plan trazado pensando que todo tiene que salir bien porque estoy haciendo todo lo que me dicen  y eso es todo lo que nos han enseñado a hacer así que ¿por qué preocuparse?.

A algunos les suenan vocecillas en la mente toda su vida susurrándoles que por ahí no. Pero se niegan a escuchar su voz interior porque ¿No les han dado sus padres los mejores consejos, sus educadores, la escuela.? ¿Acaso le faltan razones a nuestra sociedad, a los medios, a las revistas que tantas listas milagrosas tienen para nosotros? Efectos secundarios que se quedan anclados en el subconsciente derivados de vivir en el estado de opinión actual. Ese maravilloso lugar donde aparentemente todo vale pero  donde lo que está bien visto se decide en el plató de las teletertulias, o en las editoriales de los periódicos, ya carentes de toda independencia.

Hay películas que hablan de esta sensación de manera magistral como El club de la lucha o Matrix. Ese punto en el que te das cuenta de que tal vez el cuento que te han contado no es tan real, ¿has tenido alguna vez esa sensación de rebeldía? ¿La has acallado o la has seguido? Desde AG10 pensamos que es mejor seguirla y ver a dónde lleva. La desobediencia controlada es muy sana.

Pero vamos a analizar qué ocurre cuando decides salirte un poquito de la obediencia. A mi me sucedió, hace más bien poco, decidí dejar el peor trabajo del mundo. Todo un episodio, sin entrar en mucho detalle diré que no me dejaba tiempo ni para pensar en vivir. Pero, ¿cómo vas a dejar un trabajo con la que está cayendo? ¿Es que no sabes que hay crisis? ¡Pero si es de lo tuyo! A tus padres y tus amigos les comentas que has empezado a pensar en salir. La respuesta siempre es la misma, piensan que te has vuelto loco e intentan redirigirte hacia donde ellos piensan que serás feliz, aunque ellos mismos no lo hayan conseguido. Pero tú pa alante, pon tus motivaciones sobre la mesa y al trapo.

Voy a poner otro pequeño ejemplo que me llama mucho la atención, especialmente en España. Yo no bebo alcohol, así, de sopetón. No. No, nada. De verdad, ni en ocasiones especiales. Esto, que debería ser, al igual que todo en la vida, una elección parece que en España no lo es. Pues bien, el mero hecho de no beber causa más desconcierto entre mis conocidos que si me tiñese el pelo de magenta y fuera por la calle bailando sardanas. Además resulta tan raro que el personal no sabe cómo tomarte: nunca te fíes de alguien que no bebe y muchos otros dichos populares les respaldan. Esta situación es particularmente curiosa porque, aunque está muy admitido que tener un trabajo es necesario; es sabido por todos que beber no es precisamente bueno para la salud.

Te reto a hagas una lista de entre las reglas sociales que te afectan, y las clasifiques entre las que te benefician y las que no, y también las que seguirías sin pestañear o por el contrario borrarías de tu vida sin inmutarte.

Plantéate qué parte de lo socialmente aceptado te conviene desobedecer.

Hay ciertos fenómenos de desobediencia como cuando todos ven como tu novi@ es la pareja ideal, o consigues un trabajo de lo tuyo que disfraza tu vida profesional de éxito, y decides dejarlo, aparecen situaciones la mar de interesantes. De repente te encuentras en una especie de limbo social de lo más extraño: a tu alrededor todo el mundo te compadece pobrecito, debes estar hecho polvo pero tú te sientes mejor que nunca en la vida. Aún así te das cuenta de que debes aparentar estar muy compungido, pues cada vez que sonríes despiertas más desconcierto.

Así se aprende lo realmente desconcertantemente bueno que es no seguir la norma: cuando sales de una carrera que no te gusta, cuando dejas una pareja aparentemente estupenda pero que no quieres, incluso cuando coges vacaciones simplemente para no moverte de tu casa.

Hacer LO QUE QUIERES, así, con mayúsculas, debería ser la única norma.

Buscar cada día un estímulo nuevo, ese nosequé que te hace feliz, pero por desgracia no es así.

Veo a diario cómo los trabajadores se quejan por gastar una hora diaria de sus vidas en el tráfico, ¿hola? ¿es que algo te impide vender esa casa?, por no poder tener hijos porque está difícil, por tener hijos y no pasar suficiente tiempo con ellos, por no poder dejar un trabajo que odian,… ¿Estamos todavía en tiempos de esclavitud? ¡Podemos elegir cómo queremos vivir nuestras vidas! Pero parece que quejarse y no hacer nada se ha convertido en parte del estilo de vida moderno.

Me doy cuenta de que no es que no quieran, es que no pueden.Pero su impotencia no viene de las circunstancias, ni de su situación económica. Simplemente no han vivido otra cosa y no ven las infinitas alternativas. Y me da pena, muchísima pena, intento a veces gritarles tu tiempo es tuyo, es lo único que tienes, haz algo antes de que sea tarde pero es en vano. Así que vuelvo a mi diminuta vida y a mis diminutos segundos e intento bebérmelos a morro.

Porque tu tiempo es lo único que tienes, porque debes plantearte cada día cómo quieres ser feliz. Tu tiempo es tuyo. Solo te pido que cuando decidas cómo invertirlo lo pienses un poquito más y que lleves mucho cuidado con las pautas, cuidado con las normas. Y que desoigas otros cientos de “cuidados” como el que te inculque el miedo “cuidado con fracasar”. (la gente exitosa sabe que el fracaso no existe, lo que hay son fallos y mejoras) o los que te rigidizan como son: cuidado con equivocarte al salirte del camino, cuidado con meterte en un berenjenal y no acabar lo que…

¡Desobedece! …

Y empieza a disfrutar de algo que es solo tuyo: segundo, segundo, tic, tac, tic tac, tic, tac… ¿qué haces leyendo todavía?

————————————————————————————————————————————————-

Voy a dejar aquí una serie de películas, libros y vídeos que te pueden ayudar a pensar en distintos aspectos de tu vida y cómo puedes ser desobediente para tu felicidad. Recomiendo encarecidamente:

 

Luisa Santamaría Gallardo

… es Arquitecta Superior titulada por la Universidad Politécnica de Madrid y especializada en diseño 3D.

 

 

Comments are closed.